A todos nos gusta acertar.

Tener razón y dar en el clavo es algo que siempre nos satisface. En el fondo no es otra cosa que reafirmarnos y confirmar que somos los mejores y, mal que bien, todos tenemos un instinto de autosuperación. A nadie desagrada un dulce.

Sin embargo, acertar en Bolsa no es tan bueno. De hecho, ese dulce puede ser un caramelo envenenado. Acertar, tener la razón y dar en el clavo son conceptos y sentimientos peligrosos.

Ya sabemos aquello de que uno no debe empeñarse en tener la razón ni decirle al mercado lo que tiene que hacer. Es cierto, la teoría nos la sabemos todos. Pero ¿y la práctica?

La cruda realidad es que, por mucho que hayamos leído, tenemos que cometer los errores nosotros mismos y darnos cuenta de que los estamos cometiendo para aprender realmente de ellos.

El caso de empeñarse en acertar en Bolsa es un ejemplo perfecto para esto de tener la teoría clarísima y, a al vez, ser incapaz de aplicarlo de forma constante en la práctica.

El problema está en la sutileza con la que este reto se nos presenta. Como estemos un poco despistados, ni nos daremos cuenta de que lo estamos haciendo mal.

Imagina el siguiente escenario. Seguro que te resulta familiar:

Después de un arduo estudio del mercado, decides que optarás por buscar oportunidades para abrir largos. Los cortos los dejarás para cuando el mercado se muestre bajista. Así pues, rastreas los mercados y encuentras media docena de valores que crees que merecería la pena comprar. De esa selección te quedas con los cuatro mejores. De esos cuatro, ajustas los indicadores con precisión, los estudias a fondo, ubicas los puntos de entrada, stop loss, y objetivo, echas tus cálculos de control de riesgo y tamaño de la posición. Finalmente, decides que de los cuatro, sólo uno de ellos parece justificar realmente el riesgo, por lo que llenas tu diario con notas y observaciones, copias sus gráficos y lanzas tus órdenes al broker.

Al día siguiente, el mercado apenas se mueve.

Lo mismo sucede en los tres días sucesivos.

El quinto día, el mercado sí comienza a moverse con timidez hacia arriba. Tu posición está abierta, pero todavía no tienes beneficios apreciables.

Al día siguiente, se produce un movimiento en contra que neutraliza por completo lo avanzado el día anterior. De hecho, incurres en pérdidas moderadas.

En los días sucesivos el mercado sigue titubeando, con tendencia más a la baja que al alza.

Finalmente tu stop loss es alcanzado y te ves fuera con la máxima pérdida dentro de tus planes.

Todo ese trabajo para nada.

¿Te das cuenta? Sabes que no debes empeñarte en decirle al mercado que tiene que subir; pero no te has dejado convencer de que el mercado no subiría hasta que tu stop loss fue alcanzado.

Siendo un poco más objetivos, con toda seguridad habrás tenido numerosas señales que indicaban que el mercado estaba cayendo y no subiendo mucho antes de que tu stop loss fuese ejectuado.

Entonces ¿por qué no lo has hecho? ¿por qué no has cerrado la posición cuando sabías que esta aventura no iba a ningún lado?

La respuesta es simple, pero dura: Porque hacerlo significaría reconocer que te habías equivocado, que no habías acertado, que no tenías razón. Porque hacerlo significaría que todo ese trabajo de estudio, planteamiento, seguimiento y gestión no había servido para nada.

Reconocer que uno se ha equivocado, hasta el punto de haber trabajado durante muchos días en vano, es algo que somos y siempre seremos reticentes a aceptar. No obstante, estamos perdiendo dinero por no escuchar nuestra voz interior y empeñarnos en mirar para otro lado.

El ejemplo que hemos traído, es por supuesto el más “light” de todos. Estamos poniendo el caso de que en tu sistema permitas salidas a discreción antes de tocar el stop loss. Imagina esta misma situación si no pones un stop loss inicial. Estaríamos hablando de un daño muy superior.

 

¿Cómo podemos solucionar el problema de empeñarnos en acertar? ¿Cómo podemos superar esa sutil falta de disciplina?

Lo cierto es que tenemos varias formas de atajar este obstáculo psicológico tan complicado y difuso:

 

  • Cambio de punto de vista:

La primera opción es sustituir las ideas de “no tener razón”, “haber fallado”, “no haber acertado” o “haberse equivocado” por la de “cerrar en rojo” en lugar de en verde, que “el precio avanzó en la dirección contraria a la deseable” o que la operación no se desarrolló a nuestro favor.

Sabemos que el trading es un juego de probabilidades ¿Por qué darle una connotación negativa a las operaciones que restan en la cuenta de trading si estadísticamente tienen que estar ahí? Si forman parte  permanente del juego, más vale amigarse con ellas que enfadarse o frustrarse con ellas.

 

  • Ser conscientes de en qué punto perdemos nuestra profesionalidad:

Realmente, lo que hacemos al mirar para otro lado mientras el mercado nos lanza señales que no queremos ver (por no perder la razón) es sustituir progresivamente la objetividad por el deseo y la esperanza. Empezamos como profesionales y terminamos como aficionados.

La mejor forma para detectar el error y así poder evitarlo la próxima vez, es identificarlo y etiquetarlo en el presente. Esforcémonos por ser conscientes de que miramos para otro lado en el mismo momento en el que estamos mirando para otro lado.

 

  • Reglas precisas y concisas

Conocemos nuestras herramientas de análisis ¿Por qué no caracterizar ese deterioro del avance de la operación con sucesos objetivos y datos visibles e incorporarlos al plan de tradiing?

Por ejemplo, si se produce una divergencia en contra por pequeña que sea, no esperaré a verme fuera. Cierro la posición. O también, si el precio cierra dos días seguidos acumulando pérdidas o restando beneficios, cancelo la operación.

Estas reglas (que cada uno escoja las más adecuadas a su sistema de trading) son sencillas y objetivas. Incorpóralas a tu plan de trading y especifícalas por escrito antes de lanzar tus órdenes al broker. Es infinitamente más sencillo decidir en tiempo real atendiendo a un plan escrito que basándose en una mezcla de recuerdos pasados y sentimientos presentes.


  • Cerrar en rojo no implica perder con la operación

Cuando planteamos y gestionamos una operación, ganamos siempre; aunque sólo sea experiencia. Desde luego, con una buena documentación de la operación, el aprendizaje y el valor de esta experiencia se multiplica, pero este es otro tema.

Idealmente, con cada operación querríamos ganar dinero y convertirnos en mejores traders. No obstante, la primera condición no puede darse siempre; pero la segunda sí. Está en tu mano, preparar tu cabeza para sacar cosas buenas de una pérdida económica puntual.

El trading es algo que jamás se termina de aprender y mucho menos dominar. Por eso, cuanto más aprendamos más eficientes seremos en el futuro. No dejes correr la oportunidad de mejorar, por el simple hecho de que tu cuenta de trading haya menguado ligeramente con la última operación.

 

¿Qué opinas de empeñarse en acertar en Bolsa? ¿Cómo te las arreglas tú?

No dejes de echarle un ojo a:


Esta web utiliza cookies. Si sigues navegando se sobrentiende que lo aceptas.

ACEPTAR
Aviso de cookies
¡Deja que te oriente!

¡Deja que te oriente!

Únete a mi programa formativo por email (es gratis) y yo te iré guiando por todo el material

 

¡Estupendo!
Mira tu email para confirmar

Y no te olvides de mirar en el spam (y en "Promociones" si usas Gmail)