Invertir en la Bolsa

Tú puedes convertirte en un trader ganador consistente.

Pero no es lo mismo que te lo diga yo o que te lo diga alguien que hace muy poco estaba en tu misma situación.

Esto que vas a leer es el resultado de que yo le haya pedido a uno de mis alumnos que comparta su historia. Él te contará cómo ha pasado de no saber nada de Bolsa a plantear y ejecutar operaciones con una solidez impresionante. O, como dice él, cómo ha pasado de contar piedras a contar estrellas.

A continuación, el testimonio de Hilario:

Si alguna vez tú me llegases a ver en la calle, tengo la seguridad que no me verías nada especial, en todo caso me mirarás, pero podría afirmar que ni siquiera me notarías al pasar por mi lado…

Pero sí, tengo algo en común contigo, soy una persona que me atrae terriblemente ese mar alborotado de depredadores, llamado “la Bolsa”, donde sus dentelladas dejan huella en todos y cada uno de los que allí se encuentran presentes, donde tú tienes que comer y no ser comido, como mucho llevarte algún mordisco que otro, pero siempre que no sean lo suficientemente letales como para hacerte desaparecer.

Yo parece ser que me encuentro en la situación de entrar en ese mar alborotado de dientes afilados, que me van a dejar el cuerpo con más rayas que una cebra, pero que ninguna debe ser lo suficientemente grave como para hacerme desaparecer. Esas heridas irán curtiendo mi piel para ir ganando en resistencia y robustez.

¿Pero cómo se hace eso? ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Cómo he pasado de contar piedras a contar estrellas…?

Bien, pues a continuación te voy a relatar mi experiencia vivida, desde el día cero hasta el día de hoy, todo lo que he sufrido, lo que he disfrutado, lo que me he amargado… pero todo real como la vida misma.

Todo empezó un verano, unos años atrás, de repente apareció en mi cabeza el “Y si…”

El “y si”, no es otra cosa que la ocurrencia que inundó mi mente de “Y si yo pudiera sacarle beneficio a mis ahorros invirtiendo en bolsa”. Pues muy bien, suena muy bien, más que bien diría yo ¡¡¡pero si yo lo único que sé de bolsa es cuando veo la noticia de turno en el telediario!!!

Tuve la necesidad interior de adentrarme en busca del conocimiento es este campo, de forma totalmente autónoma y en solitario, para más inri.

¿Qué hice? Pues lo que hacemos la mayoría de los mortales, recurrir a nuestro padre internet, donde hay de todo y a todas horas, el papá de las soluciones….

Comencé con el Micho1, “no sabía ni leer”, por tanto tenía que aprender las letras, sílabas, palabras, frases… es decir, empecé aprendiendo todo el vocabulario técnico propio de este campo (vela, máximo, mínimo, resistencia, soporte,…).

Todo iba bien, iba comiendo y la digestión no se hacía pesada en exceso, aunque a veces sí, (producto del ansia propia de cuando uno empieza algo, esa fuerza inicial que como no la controles te destruye) pero sólo tenía que levantar un poco el pie y todo arreglado.

Perfecto, me encontraba cómodo, ya sabía “cosillas” y me sentía satisfecho, el trabajo empezaba a dar sus primeros frutos.

Era el momento de adentrarme en algo más complicado, el Micho1 ya lo dominaba y por tanto necesitaba más comida para saciar el hambre.

La solución, un buen menú bibliográfico ¿pero qué libro cojo? Le preguntamos a papá internet: papaíto, papaíto, ¿qué libros de bolsa son los más bonitos? Aparecieron un montón, preferí empezar por Stan Weinstein.

Comenzamos la tarea y disfrutaba como un loco, leía, entendía, todo perfecto, animado, satisfecho, pero necesitaba más, pues cogí varios ejemplares más e hice lo propio ¿Resultado? Una indigestión de caballo que por poquitas me cuesta la vida.

¿Qué quiere decir esto? Que tanta información había obtenido que necesitaba digerirla, procesarla, asimilarla, aplicarla, automatizarla, en una palabra, quedarme con el jugo y expulsar el bolo al exterior.

No podía seguir leyendo, era momento de reflexión, sentarme y sacar conclusiones y grabarlas a fuego en mi cerebro para convertir la información en sabiduría automatizada (¿no te ha pasado alguna vez que has ido conduciendo hasta llegar a tu destino y cuando has llegado no te acuerdas de lo que has visto durante el trayecto?) Pues eso, has actuado inconscientemente, tu sistema nervioso periférico se ha encargado de todo. Pues eso es lo que yo necesitaba, vaciar mi cerebro automatizando la información, y así lo hice.

¿Qué información fue la que saqué y automaticé de todos los libros que me gustaron? ¡Todos cuentan lo mismo! Y cuando digo todos, quiero decir todos, lo que los diferencia unos de otros son la cubierta y el ISBN, fijaos si soy crítico.

Todos te cuentan generalidades, ninguno te da la solución al problema/enigma que se te ha planteado de forma muy llamativa e intencionada en su cubierta, bajo eso que se denomina título del libro.

¿Dónde está el secreto que de forma directa o indirectamente se me plantea en el título y que me va a permitir coger el gráfico del valor “x” y sacarle el máximo jugo posible?

Lo siento, no está, al autor se le olvidó escribirlo.

Gracias a ello, me pude dar cuenta que el secreto de cómo triunfar en la bolsa no me lo puede dar un libro ni ciento uno, el secreto lo tenemos dentro de nosotros mismos, así que era el momento de seguir trabajando en busca del mismo. Ya había obtenido una información de capital importancia, darme cuenta de ello.

Bien es cierto que mientras supe sacar esta conclusión, la impotencia recorría mi mente día tras día, estaba insatisfecho, desilusionado, había estado buscando el gran secreto y resulta que no estaba ahí. Pues bien, otra vez será, seguiremos con la digestión, para ello sigamos ingiriendo alimentos, de blog en blog, de artículo en artículo, de aquí para allá…

¡Eureka! Encuentro un magnífico blog con una valiosa información, valores, estrategias… Esto pinta muy bien, así que me remango porque estoy empezando a salivar ¡¡Es hora de devorar!!

HilarioMe adentro, exprimo toda la información que puedo, interactúo con su autor, leo sus libros, le formulo muchísimas preguntas, pero veo que tras bastante tiempo de indagación, el secreto no aparece. Y no aparece porque no está en los artículos que escribe el autor, no está en sus libros, no está en las respuestas que me da cuando le formulo las dudas que me van surgiendo en mi análisis diario, entonces dónde narices está el secreto para poder sacar dinero del mercado.

¿Por qué no me lo cuenta? Al fin y al cabo he estado mucho tiempo interactuando con él, he colaborado (en cierta forma) en los libros que ha publicado, qué menos que me dé la chuleta aunque sea en una servilleta del bar ¿no? Pues NO. No tengo secreto.

Es el momento de la amargura. Mira, yo dejo esto, me retiro, no puedo más, esto solo es para unos cuantos y yo no entro dentro de ellos. Así que me tomo mi descansito, digiero otra vez el nuevo palo, y si consigo salir vivo ya volveré.

Efectivamente, al poco tiempo aparece el run-run de tripa ¡Vaya, tengo hambre de nuevo!

¡Vamos a seguir! Eh, pero ahora no estoy dispuesto a comerme lo primero que me pongan, como he hecho hasta ahora ¿Clarito? Ah, vale, pues entonces cosa buena para mi body, sino que se lo coma el que lo ha cocinado.

¡Adelante! Aterrizo en NOVATOS TRADING CLUB,  y digo, anda, un club de buscadores de secretos como yo, vamos a ver que hay por aquí.

Toco la puerta, entro y empiezo a husmear, pero muy receloso (el gato escaldado del agua caliente huye), así iba yo, con pie de plomo, paso de elefante, lento, seguro y con un paladar súper-exigente, no me voy a volver a comer cualquier cosa, eso está más claro que el agua.

Bueno,  me remango, me centro y comienzo a exprimir el blog. Al poco tiempo observo que los post son diferentes, son reales, son prácticos, son útiles, eficientes, todo es para aplicarlo y sacar jugo, esto es “harina de otro costal”, colega.

No obstante, no quiero dejarme llevar por impresiones de primera impronta, así que me leo y estrujo todo el blog, recopilo todo aquello que me aporta conocimiento, lo digiero, lo medito y lo automatizo.

Es el momento de adquirir Campus de Bolsa, pero ¿por qué he de comprar este curso si ya estaba convencido de que todos, tanto manuales, blogs… son iguales?

Pues muy claro, este blog no es como los demás, ya te lo he dicho, la calidad de su contenido está a años luz de cualquier otra fuente de información que se precie, y si esto ocurre con una información que es gratuita ¿qué va a ser de una información que hay comprarla, como el Campus de Bolsa? Tenía que tener una calidad suprema, no podía ser de otra manera y mi paladar estaba dispuesto a degustarla.

Pasado el tiempo descubrí que no me equivoqué, es un excelente trabajo de una maravillosa persona. (Y no digo maravillosa persona porque lo conozca, tenga lazos de interés ni por cualquier otra situación que puedas imaginar, simplemente porque lo he tenido a mi entera disposición todas y cada una de las veces que lo he necesitado, nunca me ha dejado colgado, dándome la información más real posible y en definitiva, llevándome “engatusado” hasta el final, cuando va y me dice: ¡Conseguido! Si eso no es ser maravilloso…)

Falta la última prueba, conocer cómo será su autor ¿Será como los demás, o aportará algo nuevo?

Para ello comienzo a interactuar con él, formulándole las dudas que me iban surgiendo (durante y después del visionado del Campus) y viendo la forma de abordarlas por su parte.

Observo que de al menos un centenar de emails no habido ni uno que me haya dejado indiferente, que de una duda que le planteaba, me la solucionaba y me surgían dos nuevas. Le volvía a plantear las dos nuevas y me surgía otra tercera, ¿pero esto que es? ¡No voy a acabar nunca!

De duda en duda me he tirado cerca de un año, hasta llegar a donde estoy, contando estrellas.

Sí, sí, has oído bien, contado estrellas, y sabes por qué, pues porque esta maravillosa criatura que su madre echó al mundo un bendito día, me ha llevado engatusado de cuestión en cuestión hasta llegar aquí, y ahora va y me dice: Hilario, (mi nombre, no lo suelo decir hasta el final, siempre me pasa ¿verdad?) tu trabajo ha sido magnífico, lo has conseguido, ya has llegado a la meta.

Cuando me dice esto se me quedó la cara que tengo hasta la fecha, aún no he podido cambiarla. ¿Conseguido el qué? Pues eso, que estás en condiciones de ser ganador. (Ya si quiere que lo explique él más detalladamente).

Pues entonces esto ha sido una experiencia que no se puede guardar en mí mismo, tengo que compartirla con mis compañeros Novatos que, casi seguro, muchos de ellos tienen que estar atravesando, o haberlo hecho ya, esta interminable carrera hasta conseguir el ansiado secreto. Sufriendo, desesperados, disfrutando, equivocándose, aprendiendo… de todo.

Lo que no se puede pasar por alto, es dejar claro desde el principio la ruta de viaje, es decir, cómo vas a trabajar.

Yo tenía claro que mi paso tenía que ser lento pero muy seguro, lo que yo llamo “paso de elefante”. En ningún momento he tenido prisa, pero sí quería solidez en mi trabajo diario.

Cuando conseguí llevar un ritmo de trabajo tranquilo, a gusto, digiriendo sin prisas, grabando las conclusiones a fuego, implementando mejoras, resolviendo obstáculos, obteniendo verdades, originando cuestiones nuevas que se convertían en nuevos retos… ¡¡Ahí está el secreto!! En tu ruta de viaje. Y cuando te das cuenta ¡zas! lo conseguiste.

Para ello no he tenido que invertir nada, ni amargarme la vida en exceso, simplemente ir digiriendo poco a poco, a mi ritmo, y si algún día, dos o incluso tres, no me apetecía tocar la bolsa, pues no la tocaba, no pasaba absolutamente nada.

El llegar hasta aquí ha sido como un cuento por capítulos (a raíz de conocer a Uxío) hasta llegar al final sin darme cuenta ¡¡¡Cómo me has embaucado, amigo!!!

Muchas gracias a todos, espero que os sirva mi historia, necesitaba compartirla porque lo que yo he vivido puede ayudar y por tanto si a alguien le sirve, aquí la tiene.

A ti, Uxío. No te puedo pagar con nada. Solo decirte que lo que has hecho por mí no se olvida ¡¡Gracias, amigo!!