Daytrader

¿Quieres saber cómo me va en mi aventura intradía?

Hoy te lo voy a contar todo.

Como quizás ya sepas, hace aproximadamente un año (noviembre 2013) empecé a formarme de un modo intensivo en trading intradiario.

El objetivo era (y sigue siendo, no quiero perderlo nunca) aprender los mecanismos de la operativa en tiempo real y superar el umbral de la rentabilidad de forma consistente.

Para ello, opté por inscribirme en la escuela de Vicens Castellano (TradingDeFuturos.com) pues conocía personalmente su historia y sus habilidades como trader; y qué mejor que apoyarte en el que ya ha llegado a la meta para recorrer el camino que tienes por delante.

Resumiendo en pocas palabras una montaña rusa de emociones, éxitos y fracasos a lo largo de todos estos meses:

Empecé por aprender las reglas para operar al estilo de la escuela.

Fui haciendo los deberes y avanzando en su programa de formación.

Por un malentendido, pasé varios meses atascado en un punto concreto de la ruta. (Yo no entendía por qué ellos no me querían pasar al siguiente nivel y ellos no entendían por qué yo no quería dar el salto).

En cualquier caso, a esas alturas eso ya era irrelevante, porque yo, por más que me esforzase, no estaba en condiciones de seguir avanzando. Estaba sumamente cansado.

Agotado, de hecho.

Con mucha voluntad de hacer las cosas bien.

Con mucha disciplina para seguir trabajando cada día.

Pero sin fuerzas reales para desplegar un buen rendimiento.

Entre mayo y junio me arrastré en mi empeño por seguir dando el callo.

Pasé un verano de desconexión forzosa.

Incluso se pudo entrever en esta misma web, cuando anuncié que pasaría a publicar sólo una vez por semana.

Realmente, me hacía mucha falta.

Y me vino genial quitarme presión.

Desde septiembre he ido retomando el asunto con mucha calma.

Con paciencia infinita.

Cero prisas.

Cero presión.

Y he retirado todo lo que no fuera imprescindible.

Por ejemplo, observé que el hecho de medir (me encanta tenerlo todo controlado y perfectamente documentado) desviaba mi atención de lo fundamental.

Así que dejé de medir.

Me dejé llevar.

Fui a lo simple.

En todo.

Y funcionó.

 

¿Y ahora?

Todavía no he acabado el recorrido oficial de la escuela.

Pero lo noto: Ya lo he conseguido.

Ahora percibo que ya sé más que suficiente.

Puedo mejorar mucho. Puedo mejorar infinito, de hecho.

Pero no necesito saber más ni aprender más sobre los mercados para poder ganar dinero de ellos.

¿Qué tengo que hacer entonces?

Demostrarme a mi mismo que soy un tipo sólido.

Eso, obviamente, sólo se logra siéndolo durante meses y años y permaneciendo siempre en una posición de esfuerzo por mantenerlo.

En el fondo, yo sé que soy un tipo sólido, siempre lo he sido. Pero verlo con los años me dará un nivel de confianza que no se resquebrajará fácilmente.

Y ese, sin embargo, es mi mayor riesgo ahora: Que me salgan mal un par de carambolas y pierda la confianza en mi mismo, aún siendo un tipo en el que yo deba confiar.

Yo soy mi mayor enemigo. Mi mayor peligro.

Todo el reto está en domar ese mar de confianzas y desconfianzas, de efímeras seguridades y amenazantes inseguridades.

Repito ¿Qué tengo que hacer entonces?

Seguir operando.

Tranquilo.

Confiado.

No dejarme caer en el desánimo ni en la inseguridad si me toca una mala racha.

¿Qué puedo hacer para potenciar esto?

Mantenerme en las mejores condiciones físicas y mentales posibles.

Esa es la clave.

Me ha llevado mucho tiempo descubrirlo. Esto que ahora comparto contigo es un pequeño tesoro para mi.

Hasta hace poco pensaba que encontrarse bien física y mentalmente era algo importante; un factor que ayudaba.

Pero ahora sé que es decisivo. Imprescindible.

Si yo no estoy bien (pero bien, bien), entonces no hay nada que rascar.

¿Cómo se consigue estar bien de verdad?

Lo logras cuando las preocupaciones y los fuegos que tienes que apagar cada día no te absorben ni te roban la vida.

Siempre hay algo.

Siempre tienes que hacer más de lo que puedes abarcar.

Siempre quieres mejorar tal o cuál aspecto y por ello sientes que “todavía no”.

Constantemente surgen imprevistos e interrupciones en tu vida que desvían tu foco de atención.

Lo zarandean.

Lo vapulean, de hecho.

Si tú no te mantienes muy firme, acabas agotado.

Reventado.

En ocasiones, incluso acabas por renunciar a llevar un control digno de tu vida.

Y lo dejas todo para “más adelante”.

 

Hay otro modo de vivir la vida

Pero lo cierto es que las preocupaciones y los fuegos que hay que apagar cada día se pueden llevar sin problema, sin grandes esfuerzos.

Y sobre todo, sin alterar tu Norte.

La clave es la meditación.

Si te estás preguntando qué coño es la meditación, bienvenido al club. Me he pasado dos años buscando esa respuesta.

He leído de todo y he buscado en infinidad de sitios.

He preguntado a maestros de la meditación.

Hasta he seguido tutoriales de internet para aprender a meditar.

Pero nada. A mi, el estándar de “Siéntate en silencio y concéntrate en tu respiración” no me funciona.

Un día, Vicens me explicó que es absurdo e inútil tratar de describir con palabras lo que se siente al meditar y en qué consiste. Sería como tratar de que alguien se haga una idea precisa de las sensaciones que produce nadar en el agua. Las palabras no bastan. Hasta que no lo haces, no lo entiendes. Hazlo.

Vicens Castellano Uxio Fraga

El día que pasé horas hablando con Vicens de meditación

El problema es que yo no lograba hacerlo.

Tardé un año más después de ese consejo en conseguir meditar.

Me esforzaba inútilmente en bloquear el pensamiento, en parar la mente.

Trataba de no pensar en nada.

Pero resulta que, al final, es mucho más fácil que todo eso.

El manual te dice que no pienses en nada, que mires dentro de ti, que te concentres en tu respiración y que mantengas el foco, sin juicios. Que si en algún momento descubres que has perdido el foco, lo redirijas de nuevo, sin reproches.

A mi eso me agota y no me lleva a nada. Palabra.

Curiosamente, yo he encontrado mi modo de meditar haciendo lo contrario a lo que dice el manual:

Simplemente, tengo que dejar que la mente fluya, que divague por donde le apetezca.

Personalmente, si no me esfuerzo en pensar en nada, especialmente si no me esfuerzo precisamente en no pensar en nada, entonces mi mente empieza a pegarle un repaso a mi vida, a mis recuerdos más antiguos, a mis preocupaciones más cercanas y acuciantes, a mis seres queridos y a todo lo que me rodea, ahora mismo físicamente y no tan físicamente.

Y las sensaciones se entremezclan, se juntan y se separan.

No me esfuerzo en pensar. Simplemente divago. Dejo que la mente se vaya a donde quiera, esté el rato que quiera y vuelva cuando quiera, si quiere.

Y no es algo que haga activamente. Simplemente, dejo que suceda.

Es como un puzzle en el que las piezas bailan alrededor de mi y mi atención se fija en una o varias piezas, en ninguna, en todas.

Y poco a poco, las piezas van encajando. Cada una en su sitio.

Y descubro que son independientes entre sí.

Forman parte del mismo puzzle de mi Universo, pero cada una está en su zona.

Y, mágicamente, la solución a muchos problemas aparece por sí sola.

Cae por su propio peso.

No es que se me ocurra la solución, es que veo cómo es el problema y entiendo al instante el modo natural de resolverlo.

No es una solución. Es simplemente que comprendo cómo son las cosas.

Y ya no me preocupan.

Sé exactamente lo que tengo que hacer.

Porque no son problemas. Son realidades, que se entremezclan, pero que yo ahora ya distingo con claridad.

Tiene razón Vicens ¡Qué difícil es explicarlo!

Todo esto que te estoy contando suena onírico, extraño.

Me leo y parece que te esté contando algo esotérico.

Pero no lo es.

Te habrá pasado un millón de veces en tu vida, en mayor o menor medida, de forma más o menos consciente.

Está dentro de cada uno. Es lo más natural del mundo.

Pero lo difícil, al menos para mi, era provocarlo, era conseguir llegar a este estado.

¿Quieres una pista que puedas identificar fácilmente?

Es exactamente lo que haces cuando te pones a remolonear en la cama.

Es justamente lo que haces durante esos “cinco minutitos más”.

No lo haces. Te sucede.

Estás lo suficientemente despierto como para no volver a dormirte, pero lo suficientemente relajado como para pensar en cualquier chorrada.

Meditar, definido técnicamente por mi, consiste en “pensar en cualquier chorrada”. Y si es durante mucho rato, mejor.

Porque las auténticas ventajas de meditar comienzan a aparecer al cabo de un buen rato de tratarte bien a ti mismo.

En mi caso, he conseguido solucionarlo del mismo modo que se llega a Utopía: Sin pretender llegar. Sin tratar de escoger la ruta ni de recorrer el camino.

Hago yoga, y me viene muy bien para cuerpo y mente; pero eso no me ayuda a meditar.

¿Sabes dónde medito mucho y bien sin el menor esfuerzo?

Cuando me voy a dar una vuelta en moto por las reviradas curvas de mi Galicia.

Mi rendimiento en trading es directamente proporcional al número de kilómetros que hago en moto.

Sorprendente ¿verdad?

Dímelo a mi.

Tardé mucho tiempo en darme cuenta, en aceptarlo, y más aún en entenderlo.

Es la última situación en la que hubiera imaginado que me resultaría natural entrar en un estado meditativo.

Pero así es.

Cuando voy en moto mi atención está en todos sitios y en ningún sitio.

Me encanta el rugir del motor.

Las hojas de otoño levantándose con el rebufo.

El millón de verdes, rojos, marrones y amarillos de los árboles y los campos que envuelven la carretera.

Estiro la marcha, hasta el corte. La aguja en la zona roja ¡Qué bien suena!

El crujido de los aparatosos guantes de piel, fibra de carbono, refuerzos de kevlar y a saber cuántos materiales más.

Las vacas viéndome pasar sin inmutarse.

Los brillos del sol de la mañana reflejándose en algunas zonas que todavía no se han secado desde la noche.

Moto

Y, cuando me doy cuenta, sintiendo todo eso, descubro que ya sé cómo voy a resolver cualquiera de mis trabas del día a día.

Porque, sin darme cuenta, llevo a saber cuánto tiempo dándole vueltas a ese y a mil asuntos más sin el menor atisbo de preocupación.

Y acaban de encajar.

Y todo es fácil.

Por que cada uno tiene su sitio.

Eso es meditación en estado puro.

Y me está ayudando a ser más feliz, más tranquilo, más eficiente.

 

Una cosa más que he descubierto y que es importante

Vivir feliz para mi es más importante que desarrollar un trading eficiente.

Lo bueno es que ambas cosas están relacionadas.

Porque ambas beben de la misma fuente:

Que yo esté bien. Bien de verdad.

Ambas necesitan que yo esté estupendo para poder darse.

Y aquí viene mi descubrimiento:

Es posible que, en un momento dado, yo no me dé cuenta de que ya no estoy bien, y que por lo tanto “mi vivir feliz” se degrade progresivamente sin que yo lo perciba conscientemente.

Lo que he descubierto es que, si yo no me doy cuenta, no importa: El trading sí se da cuenta. Es en extremo sensible.

El trading es lo primero que avisa.

Si cometo errores en trading, es que estoy mal.

Si no me doy cuenta ahí, me doy cuenta justo después, porque en cuanto cometo errores empiezo a perder pasta.

Mis resultados en trading son un indicador muy preciso, y quizás adelantado, de mi bienestar.

¡No está mal! ¿Verdad?

 

El secreto del éxito

Si estás pensando en que te estoy metiendo un rollo infumable que nada tiene que ver con el trading, entonces estás completamente equivocado.

Sentirme bien, tranquilo y clarividente, algo que logro a través de una meditación para la que pongo las herramientas necesarias (irme a dar un buen paseo en moto siempre que puedo, principalmente) es lo que ha marcado y sigue marcando mi camino hacia el éxito como daytrader.

Y por eso te lo cuento.

Porque quiero ayudarte en tu camino compartiendo los descubrimientos que realmente están influyendo en el mío.

Te acabo de revelar mi auténtico secreto.

El que no aparece en ningún libro de trading.

Por cierto, si quieres una capa más de precisión en este desvelar el secreto del éxito, te diré que:

Sólo es cuestión de acumular más y más horas de vuelo sintiéndote bien mientras operas.

El método o técnica concretos son absolutamente irrelevantes.

Esto es algo que te puedo decir con palabras, pero que no puedo lograr que entiendas sin más.

Debes entenderlo tú y sólo tú: El método es irrelevante.

Al final siempre es lo mismo: El precio se mueve y tratamos de cazar tramos limpios, haciéndonos el mínimo daño cuando no acertamos.

Cómo lo consigas no importa.

Y cómo lograr acercarte a conseguirlo, te lo acabo de decir:

Asegúrate de que te sientes bien de verdad, y simplemente practica, entrena y opera.

Durante horas, días, semanas, meses y años.

Llegarás.

Sí o sí.

Lo único que no tienes que hacer es abandonar por el camino.

 

Yo sé que tú quieres datos palpables 

 

¿Que dónde estoy ahora?

Sigo operando en simulado.

 

Pero ¿ganas o no ganas?

Hasta hace poco no ganaba.

No porque no supiera cómo, sino porque no me sentía lo suficientemente bien como para desplegar mi potencial y presentar un buen rendimiento.

Ahora sí que gano, aunque aún no tengo datos suficientes como para demostrarlo.

(Ya los tendré).

 

¿Cuándo planeo pasar a real?

Me dejaré aconsejar por el criterio de la escuela; pero será cuando tenga una prueba objetiva mínimamente fiable de que soy capaz de acumular beneficios en simulado.

En su día te lo contaré, y espero contarte también lo costosa que será la transición a operar con dinero real.

Quizás peque de inocente, pero creo que no será tan difícil como lo pintan.

En cualquier caso, ya veremos.

Te mantendré informado.

 

Te voy a contar algo que me preocupaba hasta hace poco

Hasta hace no mucho, me preocupaba que, con el único mercado que operamos en la escuela (futuros del petróleo crudo, durante la sesión de cash, en gráficos de cinco minutos), se hacen muy pocas operaciones al día.

A veces una. A veces dos.

Rara vez tres.

De vez en cuando ninguna.

Y te diré cuál era la preocupación:

Con tan pocas operaciones, si mi tasa de aciertos no es muy alta (y de momento no lo es en absoluto, pues es del orden de una de cada tres), el beneficio neto después de numerosas operaciones puede ser bastante bajo.

Pero, sobre todo, muy volátil. Muy cambiante.

Con un margen tan escaso y tan pocas operaciones, es relativamente fácil, no ya cerrar el día en negativo, que es muy frecuente, sino cerrar la semana en negativo.

Este efecto es muy conocido por los jugadores de póker. Se trata del impacto de la varianza.

Aunque tú seas mejor jugador que el resto de la mesa, cuánto más se parece su nivel al tuyo, más te cuesta diferenciarte de ellos, más manos necesitas para lograrlo y más y mayores penurias intermedias tienes que soportar antes de que se deje notar tu ventaja competitiva.

Dicho con otras palabras, parece que operando como operamos en la escuela se puede ganar muy poco dinero, a pesar de tener que mover mucho dinero para ello.

Pero ahora ya no me preocupa.

Por dos motivos:

El primero es que tenderé a mejorar.

Conforme vaya refinando mis habilidades para detectar el contexto, mi tasa de aciertos tenderá a subir.

El segundo es que, esencialmente tal y como estoy ahora, ya me puede valer para ganar cantidades importantes de dinero.

 

Yo sé que tú quieres cifras concretas 

Piensa por ejemplo en estos números:

Con una tasa de aciertos del 35% y con un B/R de 3 ya se es matemáticamente ganador, incluso aunque se cuele en la estadística alguna que otra operación cerrada a breakeven que pueda contar como ganadora (rebajando así la ganancia promedio de las operaciones ganadoras).

Yo esto lo puedo conseguir. Todavía no tengo datos suficientes como para decir taxativamente que lo estoy consiguiendo, pero sé que lo puedo conseguir, mantener, e incluso mejorar.

Nota importante: Ni yo soy tú, ni tú eres yo; pero sé que, con el debido trabajo y esfuerzo continuado, tú también puedes lograrlo. No se requiere ser Einstein para ello.

Se requiere querer lograrlo de verdad lo suficiente como para priorizarlo por encima de todo lo demás durante el tiempo que sea preciso.

Con estoy soy ganador. Y ese es el pilar fundamental sobre el que construir.

¿Y la varianza?

Parece mucha, pero no es tanta.

Aunque sólo realizase una operación al día los días de mercado realmente efectivos en el año, son al menos 250 operaciones al año.

Éstas son suficientes para contrarrestar dignamente el efecto de la varianza.

Sería mejor tener muchas más (del orden de 6 veces ese mínimo anual) de cara a lograr una mayor fluidez y homogeneidad en los resultados, pero incluso este número vale.

Si el impacto de la varianza está controlado, entonces, para ganar más dinero en el mismo periodo de tiempo sin alterar lo más mínimo el sistema, sólo me queda hacer una cosa:

Operar con más contratos.

Pero operar con más contratos no es gratis, incrementa el riesgo.

Y ya sabemos que un riesgo excesivo nos mete de lleno en la ruina matemática.

Así que, lo que hay que hacer, es operar con más contratos sin aumentar el riesgo.

El único modo de lograr esto es ir escalando el tamaño de posición conforme va aumentando el tamaño de cuenta; ni antes ni después.

Si yo logro que el riesgo por operación no supere por norma el 1% de mi cuenta de trading (el 0.5% o menos es mi ideal y el 2% es mi cota máxima absoluta) tengo el riesgo controlado y, con eso y la distancia al stop loss, puedo calcular el número de contratos en cada caso.

Sólo con esto, la cuenta tenderá a crecer exponencialmente.

Quizás sea un crecimiento especialmente lento y bacheado al principio; pero su esencia exponencial puede con todo.

(Hay un techo de lo que se puede llegar a crecer en la práctica, pero de esto hablamos otro día. En cualquier caso, es un techo muy alto para la mayoría de los mortales).

Dicho con otras palabras, por pequeño que sea tu margen, no supone ningún problema realizar sólo una operación al día.

Puedes ganar grandes cantidades de dinero con eso igualmente.

Actualmente, estoy haciendo 1.8 operaciones al día.

 

Una nota de cara al futuro

He aprendido por las malas que medirlo todo y tomarme a pecho esas mediciones es muy perjudicial para mi trading intradía y para mi.

Así que, a diferencia que en el pasado, no me comprometo a publicar con regularidad mis resultados.

No obstante, tienes mi palabra de que sabrás cómo me va.

Sólo que, para preservar mi estado de eficiencia operativa, lo haré cuando y como no interfiera conmigo.

Mi deseo es, llegado el momento, presentarte la evolución de mi saldo (de dinero real) con el paso del tiempo.

Procuraré anotarlo todo de manera que no me perjudique.

Y, cuando me vea con fuerzas, convertir esas anotaciones en un gráfico y publicarlo.

Dicho con otras palabras, no voy a dejar cojo este reportaje sobre mi evolución; pero pueden pasar muchos meses entre publicación y publicación sobre el tema.

 

Resumen final ultra-escueto

Esto es un camino.

Está todo en la cabeza: Tu potencial, lo bueno y lo malo.

Cuídate. Trátate increíblemente bien y conseguirás lo que quieras.

 

Extra de queso mozzarella

Te he contado de mi lo que sólo se le cuenta a un amigo.

Y lo he hecho porque creo que puede ayudarte mucho.

Sinceramente.

Si no, te aseguro que no lo haría.

Así que, si este artículo mío te ha inspirado, o te ha ayudado, o crees que puede ser valioso para alguien, te pido que lo retuitees, que lo feisbuquees y que lo difundas entre tus conocidos.

Y una cosa más:

Después de todo lo que te he contado, me extrañaría mucho que no tuvieses algo que decir.

Dímelo.

Te espero en los comentarios : )

 

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