Rubén, 40 años
Arquitecto
“Pasé de invertir casi en automático a entender que, con método y formación, el trading no es una quimera.”
Punto de partida
Cuando Rubén empezó en el trading, su nivel era prácticamente cero.
No era un mundo que le llamase especialmente la atención y su contacto previo se limitaba a alguna conversación con familiares y amigos que también empezaban a interesarse por el tema.
Su interés apareció por un motivo muy concreto y realista: el futuro familiar. La idea de poder dejar algo de valor a sus hijos o contar con un capital que fuese creciendo y del que poder disponer en momentos importantes, como por ejemplo los estudios universitarios.
Antes de entrar en la Escuela:
No estaba formándose activamente
Tenía un ETF del S&P 500
Compraba acciones de su empresa una vez al año
No hacía trading como tal
Cuando operaba, su sensación era clara:
actuaba como un robot, limitándose a aportar cuando se producía un determinado cruce de líneas de tendencia, sin mayor comprensión del contexto.
Errores y frustraciones
Con el tiempo, Rubén empezó a detectar errores que se repetían.
El principal:
Entrar en lo que hoy identifica claramente como engaños del mercado
Más allá de las pérdidas, lo que más le frustraba era una sensación muy concreta: sentirse el tonto de la película.
Aun así, nunca llegó a pensar que el trading no fuese para él.
Su reacción ante los errores no fue abandonar, sino asumir que la conclusión era otra: había que formarse.
Punto de inflexión
El punto de inflexión llegó con las pérdidas económicas.
No era dinero que necesitase para vivir, pero sí dinero que le había costado esfuerzo ahorrar, y eso cambió su percepción.
Lo primero que transformó su forma de ver el trading fue algo muy sencillo pero poderoso:
ver que había personas que, con tiempo y formación, conseguían ser rentables.
Cuando entró en la Academia, sus expectativas eran claras y nada fantasiosas:
Sacarle un partido real al dinero que podía ahorrar
Ir más allá de las migajas que ofrece una cuenta corriente tradicional
El proceso dentro de la Academia
Para Rubén, lo más difícil al principio no fue el trading en sí, sino el tiempo:
Encajar la formación en el día a día
Establecer un horario propio
Mantener la constancia
El cambio más importante a nivel personal fue asumir que tenía que:
Renunciar a parte de su tiempo de ocio
Algo especialmente valioso teniendo en cuenta la paternidad
La diferencia entre aprender solo y hacerlo acompañado fue muy clara para él: contar con alguien que te enseña a poner una red de seguridad en cada operación, que habla desde la experiencia real y no desde la teoría.
Lo que más le ha ayudado a avanzar ha sido vivir el mercado en primera persona:
Épocas alcistas
Correcciones fuertes por situaciones geopolíticas
Cambios de contexto
Rubén es claro en esto:
hasta que no lo vives y lo sufres en tus propias cuentas, no es lo mismo.
Y reconoce algo importante:
a veces, un golpe bien entendido también enseña.
¿Qué ha cambiado hoy?
Hoy, el mayor cambio es la tranquilidad.
Comparado con sus inicios:
Sabe que seguir un método (o varios) puede llevarte a ser rentable
Entiende que no es una quimera ni algo reservado a unos pocos
Actualmente:
Se siente mucho más tranquilo operando
Tiene claras sus reglas
No se deja arrastrar con facilidad por factores externos
Para Rubén, hoy hacer trading bien significa algo muy concreto:
«Saber seguir tus métodos y no flojear en tus convicciones por temas externos.»
Un mensaje para quien está empezando
A alguien que esté ahora donde él estaba, Rubén le diría que:
se anime, porque merece la pena,
pero que tenga claro que, como en todo camino, habrá curvas.
El error que considera imprescindible evitar es:
Invertir en base a lo que hacen otros
Operar por recomendaciones externas sin analizar cada operación por cuenta propia
Y a quien duda si el trading es para él o ella, lo resume con mucha honestidad: esa duda es totalmente sensata, y la clave está en conocerse a uno mismo y analizar si se tiene el tesón suficiente para llegar hasta el final.
Con un método, es posible conseguirlo.
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