¿Harto de decir “Tengo que hacer esto…”, “Tengo que hacer lo otro…” y no llevarlo a cabo nunca?

Y es que, del dicho al hecho, hay un trecho. Pero ¿qué trecho es ese?

Las barreras mentales. Ese es el trecho a superar.

Vamos a ver cuáles y cómo son las barreras mentales. Conociéndolas, seremos capaces de superarlas.

Hay dos barreras mentales: La falta de control total anticipado y el agotamiento imaginado.

Estas dos barreras nos llevan a adoptar una serie de actitudes que desencadenan el bloqueo operativo. Simplemente, no actuamos.

Tenemos que saber que, si conseguimos llegar a la acción, tenemos un 90% de probabilidades de terminar el trabajo que tenemos en mente. Lo difícil es pasar del dicho al hecho. Cuando hemos conseguido iniciar la acción, ya es pan comido.

Así pues, estas actitudes que desencadenan el bloqueo operativo deben ser rechazadas, apartadas y eliminadas cada vez que afloren.

La falta de control total anticipado aparece cuando queremos tenerlo todo planeado, no queremos olvidarnos de nada, nos surge la necesidad imperiosa de apuntar cada detalle (en la cabeza o en algún sitio) todo lo que queremos hacer y como queremos hacerlo antes de empezar siquiera. Esto nos satura ¡No podemos abarcarlo todo! Consecuencia: Bloqueo operativo.

Confía en ti mismo y, simplemente, empieza a hacer. Empieza ya. Tu experiencia, memoria y habilidad serán las encargadas de darte ideas y permitirte decidir muy acertadamente sobre la marcha. Es posible que tu ejecución sea subóptima respecto a la mejor solución posible teórica. La gran diferencia es que ahora ya lo estás haciendo, y si te quedas soñando, no.

El agotamiento imaginado tiene tres orígenes independientes entre sí, pero que uno tiende a juntar y mezclar en su cabeza: La visión inalcanzable del objetivo final, la falta de determinación y el miedo al fracaso. Cuando uno o varios de estos factores aparecen nos acercamos peligrosamente al bloqueo operativo.

Hay que pelear cada uno de éstos por separado, pero no es difícil, sólo hay que saber que están ahí y que definitivamente queremos dejarlos atrás.

Un término muy utilizado es el de la procrastinación. Procrastinar significa aplazar, diferir, dejar para otro momento. Se suele entender por procrastinar a la actitud general de postergar nuestras tareas constante e indefinidamente. Contra el pensamiento general, la procrastinación no es la causa del problema, sino una consecuencia. No es más que un efecto del bloqueo operativo.

La visión inalcanzable del objetivo final es una causa evidente de agotamiento imaginado. Nos saturamos antes de empezar, nos desmotivamos y acabamos abandonados en el bloqueo operativo.

Para superarla, deberemos fraccionar el objetivo final en sub-objetivos parciales, próximos, alcanzables y para los que nos sea fácil definir qué necesitamos hacer para conquistarlos. Esto nos mantendrá motivados. Lograr objetivos cortos es la mejor manera de llegar mejor y más rápido a la meta final.

La falta de determinación está asociada a una falta de confianza que debemos desterrar.

Fernando Alonso no es el mejor piloto de fórmula 1 del mundo sólo porque conduce mejor que los demás. Rafa Nadal no es el mejor tenista del mundo sólo porque es más hábil con la raqueta. Son los mejores porque confían en sí mismos. Son determinados y llevan sus decisiones hasta el final porque confían en ellas. Algunas les saldrán mejor y otras peor, pero el hecho de ejecutarlas hasta el final les da ventaja sobre sus rivales, que pierden eficacia dudando de sí mismos mientras Alonso o Rafa avanzan con el cuchillo entre los dientes.

Cuando Bill Gates cerró su primer trato, era su primera vez. Seguramente le entraron dudas y miedos sobre si estaría haciendo bien o no, pero no dejó que esas dudas le hiciesen retroceder. Mantuvo la concentración pese a los ataques de su psique y confió en sí mismo a pesar de no tener demasiada información sobre que es lo que sucedería a continuación.

Sabes lo que quieres. Así que decide cómo vas a hacer para alcanzarlo y no te apartes de la idea. Si no es estrictamente necesario, no alteres tu plan y confía en tus decisiones. Serás como un dardo en dirección a la diana.

El miedo al fracaso es la sensación que remata el proceso de debilidad que nos lleva a abandonar antes de empezar.

Un ganador ha perdido antes muchas veces, le han dado con la puerta en las narices y ha recibido un “no” por respuesta en numerosas ocasiones ¿Y qué? Ahí lo tienes.

¡Lo que faltaba ahora es avergonzarse por haberse equivocado al intentar algo que se pretende conseguir! Cuando uno lucha por algo que quiere debe estar orgulloso de ello, le salga bien a la primera o no. Los errores forman parte del éxito.

El que no arriesga no gana, y arriesgar implica la posibilidad de perder. Perder no tiene nada de malo, pues forma parte del proceso de aprendizaje.

Asegúrate de no tirar la toalla por el miedo al fracaso. Fallar un intento es infinitamente mejor que no intentarlo.

Resumiendo, no quieras planificar con detalle y pasa a la acción inmediatamente, fracciona tus objetivos, confía en tus decisiones y enorgullécete de luchar por lo que quieres, aunque yerres.

 

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